El cólico del lactante puede convertirse en una auténtica «pesadilla» para los padres ya que cursa con episodios de llanto fuerte e inconsolable varias veces al día, durante todos los días o de dos a tres veces por semana.

Suele presentarse a los 15 días y hasta los tres meses de vida extrauterina del bebé.

Hay que tener en cuenta que de un 20% a un 30% de los bebés padecen cólicos en la lactancia. Puede ocurrir en recién nacidos que se alimentan correctamente y tienen un estado óptimo de salud.

Un gran número de estudios demuestra que la intolerancia a la lactosa puede ser una de las causas. Por esta razón, se recomienda a la madre que, durante el período de lactancia, elimine los lácteos de su dieta. De la misma manera, se le aconsejará que reduzca el consumo de café o azúcar para no sobreexcitar al pequeño.

Está demostrado que el contacto frecuente en brazos de la madre y mecerlo de forma habitual, puede disminuir los episodios de cólicos en el bebé.

Cada bebé puede presentar una combinación de síntomas diferentes, no todos los bebés lo padecen de la misma manera. Por ello, debe ser evaluado y tratado de forma personalizada.

 

La Osteopatía puede ser de ayuda

Desde la Osteopatía se valorarán distintos niveles estructurales y viscerales del bebé aunque nos centraremos, fundamentalmente, en dos: el craneal y el visceral.

La sesión consistirá, en primer lugar, en una anamnesis (información previa facilitada por la madre) y en segundo lugar, en llevar a cabo una exploración y tratamiento global del bebé con técnicas manuales.

El cráneo del bebé habrá sido comprimido por el paso del canal del parto. Lo que puede provocar que presente alteraciones óseas, compresiones nerviosas y tensión de membranas que pueden descompensar el organismo del mismo y crear una disfunción digestiva.

En el caso de la estructura visceral, trabajaremos desde el diafragma para normalizar posibles irregularidades del mismo que también pueden haber sido provocadas por la compresión recibida en el momento del parto.

  • Regularemos el peristaltismo (contracciones del tubo digestivo) de las estructuras intestinales, el recorrido del colon e intestino delgado. Valoraremos el estómago y sus esfínteres, el cardias y píldoro y, de esta forma, lograremos mejorar el reflujo gástrico o regurgitación, asociados al cólico del lactante.
  • También puede ocurrir que los esfínteres del bebé que vacían los ácidos pancreáticos y biliares al duodeno queden más cerrados provocando dificultades para digerir los gases de la leche.

Con un correcto abordaje del Osteópata, y con la posibilidad de poder trabajar con otros profesionales de la salud, se conseguirá mejorar la calidad de vida y devolver la movilidad al bebé en su totalidad.

 

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